24 noviembre, 2023

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¿Hay una edad para empezar a preocuparse por tu Microbiota?

¿Cómo evoluciona la microbiota a lo largo de la vida? Desde el momento en que damos nuestros primeros suspiros, la microbiota comienza su travesía, transformándose y adaptándose a lo largo de las distintas etapas de la vida. Esta fascinante interconexión, invisible a simple vista, revela una intrincada red de bacterias que desempeñan roles esenciales en el desarrollo del sistema inmunológico, la digestión y hasta en la regulación de nuestro estado de ánimo.

La microbiota de los recién nacidos

Desde el nacimiento, la microbiota intestinal coevoluciona con el huésped y el desarrollo de esta comunidad microbiana es de crucial importancia para la salud.

Además de por los propios factores genéticos del individuo, la colonización y establecimiento de la microbiota intestinal se ve influenciada por diferentes factores pre, peri y postnatales.

Tradicionalmente se había considerado que la primera exposición del recién nacido al ambiente microbiano ocurría durante el parto. La cavidad amniótica se consideraba estéril; sin embargo, estudios recientes han puesto de manifiesto la existencia de microorganismos en líquido amniótico y placenta.

En cualquier caso, el nacimiento implicará un cambio drástico para el neonato que pasa de un ambiente con reducida carga microbiana a un ambiente cargado de millones de microorganismos.

A lo largo del embarazo, se producen alteraciones tanto en la microbiota vaginal como en la intestinal. Aunque aún no se ha definido claramente su implicación, estos cambios en la composición de la microbiota parecen formar parte de una respuesta adaptativa para proporcionar al recién nacido un primer y específico conjunto de microorganismos y antígenos. Por lo tanto, diversos factores externos, como el estrés o el tabaquismo durante el embarazo, podrían afectar la composición de este primer inóculo. El estrés durante la gestación induce cambios hormonales que influyen en la microbiota de la madre, lo cual podría resultar en la transferencia de una microbiota alterada de la madre al bebé en el ambiente intrauterino o durante/después del parto.

De entre los factores postnatales que afectan al desarrollo de la microbiota, el tipo de alimentación del recién nacido es el más estudiado. Numerosos trabajos han confirmado los beneficios a corto y largo plazo de la lactancia materna, en términos de establecimiento de microbiota intestinal y salud, frente al uso de fórmulas infantiles.

La introducción de alimentos sólidos produce cambios significativos en la composición de la microbiota intestinal infantil y conduce a una composición estable de la misma, con dominancia de grupos microbianos similares a los del adulto, aproximadamente a los 2-3 años.

También se ha observado que el destete tiene un impacto importante en la diversidad, composición y perfil funcional de la microbiota de los niños que han sido lactantes, lo que resulta en una convergencia hacia las características de la microbiota adulta.

Los primeros estudios sobre microbiota sugerían que la microbiota infantil alcanzaría una estructura similar a la de un adulto a la edad de 3 años, pero estudios recientes han sugerido que el desarrollo de la microbiota puede llevar más tiempo.

 

La microbiota en la adolescencia

 

A menudo se consideraba que la microbiota tarda alrededor de tres años en constituirse, diversificarse y estabilizarse y una vez alcanzada la edad adulta, su composición se mantiene relativamente estable hasta la vejez, cuando se empobrece ligeramente.

Si bien esto es cierto, se siguen produciendo cambios tanto antes como después del período de la adolescencia. Por lo tanto, esta etapa todavía puede considerarse un período de transición, en el que aún no se ha alcanzado la abundancia observada en los adultos, por lo que las etapas finales del desarrollo que ocurren durante este tiempo aún pueden ser importantes para el establecimiento de una microbiota adulta saludable.

La menarquia (primera menstruación de la mujer) se asocia con un incremento en la variedad de la microbiota, así como con modificaciones moderadas en la composición y función de la misma. No obstante, se requieren análisis adicionales para poder comprender más a fondo la dinámica de la microbiota durante este período.

Apenas unos pocos estudios contrastan la microbiota de los adolescentes con la de los adultos y, a partir de ellos, se ha podido observar que, en esta etapa, la composición de la microbiota intestinal aún presenta diferencias. Se ha detectado un incremento de la presencia de Clostridium spp. y Bifidobacterium spp. en la microbiota de los adolescentes en comparación con la de los adultos (Hopkins et al., 2001; Agans et al., 2011). Este período podría ser crucial en el desarrollo de la microbiota debido a los cambios hormonales significativos que se producen.

 

La microbiota en la edad adulta y la vejez

 

La microbiota adulta es ampliamente conocida, ya que la mayoría de los estudios en personas sanas se han centrado en esta etapa de la vida. En general, la microbiota adulta está compuesta principalmente por bacterias de los grupos Firmicutes, Bacteroidetes y Proteobacteria, aunque existen variaciones en función de la ubicación geográfica y los hábitos culturales.

A lo largo de la edad adulta, la comunidad bacteriana del intestino tiende a mantenerse estable, a menos que se produzcan alteraciones debido a infecciones, tratamientos con antibióticos o cambios a largo plazo en la dieta o el entorno. A pesar de esto, existen importantes diferencias entre individuos en varios niveles taxonómicos. Estas marcadas diferencias sugieren que el microbioma intestinal humano es muy específico para cada persona.

Investigaciones han demostrado que la microbiota intestinal de los ancianos difiere de la de los adultos más jóvenes, presentando una mayor proporción de Firmicutes en comparación con Bacteroidetes, así como una disminución en las especies Bifidobacterium spp., Bacteroides spp., Prevotella spp. y Faecalibacterium prausnitzii. Además, se observa un aumento en Enterobacteriaceae, lo que se relaciona con una disminución en la calidad de vida. Factores como el mayor consumo de medicamentos, una dieta inadecuada y los cambios hormonales que ocurren durante esta etapa pueden influir en los cambios en la composición de la microbiota, lo cual podría implicar un incremento de la fragilidad y la inmunosenescencia y una reducción de capacidades cognitivas.

Por lo tanto, la composición de las poblaciones microbianas puede utilizarse como un marcador de riesgo de mayor velocidad de envejecimiento con la morbilidad asociada. La dieta, sobre todo la ingestión de fibra alimentaria y hábitos de vida saludables pueden ayudar a mantener la composición adecuada de la microbiota. La modulación de la misma en ancianos, incluyendo utilización de probióticos y prebióticos, puede aportar mejoras en la homeostasis intestinal y en la general del organismo, favoreciendo una longevidad saludable. Todo esto supone un campo científico y de aplicación clínica de enorme futuro para la medicina geriátrica que debe ser, fundamentalmente, individualizada y preventiva.

 

Conclusiones

 

La microbiota intestinal influye en la maduración del sistema inmunitario, la absorción de nutrientes y el metabolismo, y previene la colonización de patógenos. Diferentes estudios y revisiones han resaltado la naturaleza fundamental del desarrollo de esta simbiosis en los primeros años de vida para la salud de los niños y sus consecuencias a lo largo de toda la vida.

Los cambios en la composición de la microbiota intestinal se han asociado con trastornos de salud a corto y largo plazo, como el exceso de peso, la obesidad, los síntomas de alergia, el asma, el síndrome metabólico y las enfermedades inflamatorias crónicas. Por lo tanto, los primeros años de vida brindan una oportunidad única para modular la microbiota intestinal con el objetivo de promover la salud a largo plazo.

 

 

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