9 abril, 2021

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Relación entre microbiota y enfermedad cardiovascular

Dr. Javier Marhuenda Hernández. Nutricionista Ph.D, Profesor grado en Farmacia. UCAM


La microbiota intestinal está involucrada en la regulación de diversas funciones humanas, entre ellas, la regulación del sistema cardiovascular. Cuando este sistema falla en algún punto se produce cualquiera de las denominadas enfermedades cardiovasculares (ECV). Dentro de las ECV más comunes encontramos la enfermedad coronaria, la hipertensión, y la insuficiencia cardíaca (IC).

La composición y las funciones de la microbiota intestinal se ven afectadas por factores externos que están asociados con un mayor riesgo de ECV, como el envejecimiento, la obesidad, un estilo de vida sedentario y patrones dietéticos. A su vez, la composición de la microbiota intestinal puede afectar el desarrollo de ECV.

La observación del ADN de varias especies de bacterias revela que las comunidades microbianas intestinales en pacientes con aterosclerosis son diferentes de las de las personas sanas. A la luz de estos hallazgos, se han identificado algunos tipos de bacterias intestinales como nuevos contribuyentes a la progresión de la aterosclerosis, mientras que otras pueden proteger contra las lesiones de la placa aterosclerótica. Así pues, hay cinco especies de bacterias (Eubacteria, Anaeroplasma, Roseburia, Oscillospira y Dehalobacteria) que han demostrado ser eficaces para prevenir la aterosclerosis.

Un metabolito microbiano, el N-óxido de trimetilamina (TMAO), ha ganado una atención considerable como un factor de influencia importante en las ECV. La trimetilamina (TMA) es generada por la microbiota alterada, y posteriormente oxidada a TMAO, a través de la metabolización de algunos aminoácidos que encontramos en la proteína dietética, como la colina, fosfatidilcolina, L ‐ carnitina y betaína.  Como resultado, se produce un aumento de la aterosclerosis (formación de placas de ateroma, y muy relacionado con la ECV). En conjunto, la creciente evidencia sugiere que TMAO es parte de un mecanismo importante por el cual la microbiota intestinal influye en las ECV.

Por otro lado, la proporción de Firmicutes (F) y Bacteroidetes (B) (F/B) se considera un biomarcador de disbiosis intestinal (cambios en la microbiota). Pues bien, la hipertensión, deriva en un aumento de la relación F/B y una disminución del número de bacterias productoras de acetato y butirato (ácidos grasos que son la fuente de energía del intestino grueso). Esto indica que la hipertensión está relacionada con la disbiosis intestinal y que la mejora de la microbiota intestinal puede ser un objetivo para futuras terapias para la hipertensión.

La IC engloba un grupo de síndromes clínicos complejos que provocan daños en la estructura o función del corazón y es la etapa final de muchas enfermedades cardiovasculares. Aunque los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos pueden retrasar la progresión de la IC, las tasas de mortalidad a corto y largo plazo siguen siendo altas. El papel de la microbiota intestinal en la respuesta inflamatoria e inmune ha llamado la atención sobre el vínculo entre la microbiota intestinal y las IC. De hecho, los resultados de los últimos estudios han mostrado que los pacientes con insuficiencia cardíaca crónica (ICC) fueron colonizados por más bacterias patógenas (Candida, Campylobacter y Shigella) que los pacientes de control, demostrando que dichas especies estaban correlacionadas positivamente con la gravedad de la enfermedad. Además, en comparación con los controles sanos, la permeabilidad intestinal (IP) aumentó en el 78,3% de los pacientes con IC.  Estos datos sugieren que la hipertensión puede alterar el equilibrio de la microbiota intestinal, lo que se conoce como la "hipótesis del instestino", en la que se produce una baja irrigación sanguínea gastrointestinal, lo que altera la composición de la microbiota y la función intestinal.

En conjunto, los cambios en la microbiota intestinal en pacientes con IC y la presencia del metabolito TMAO generado por la actividad microbiana tienen cierta importancia en los pacientes con IC. Así, dos estudios de cohortes, que inscribieron a cientos de participantes, demostraron que los niveles elevados de TMAO eran predictivos del riesgo de mortalidad a largo plazo en pacientes que padecían no solo IC, sino también IC aguda.

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